REAL (E)STATE                                                       
     © Emilio López-Galiacho - 2005-2006

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   "SANCHINARRO 1" 
   140 x 100 cms.
   Lambda Print. Edition of 5.








   "SANCHINARRO 8" 
   72 x 40 cms. 
   Lambda Print. Edition of 5.











   "SANCHINARRO 5" 
   120 x 80 cms.
   Lambda Print. Edition of 5.









   "SANCHINARRO 10" 
   140 x 78 cms. 
   Lambda Print. Edition of 5.











   "SANCHINARRO 3" 
   115 x 74 cms.
   Lambda Print. Edition of 5.











   "SANCHINARRO 12" 
   130 x 87 cms. 
   Lambda Print. Edition of 5.













   "SANCHINARRO 9" 
   50 x 36 cms. 
   Lambda Print. Edition of 5.
















   "SANCHINARRO 6" 
   79x105 cms. 
   Lambda Print. Edition of 5.
















   "SANCHINARRO 7" 
   44 x 60 cms. 
   Lambda Print. Edition of 5.






















   "SANCHINARRO 4" 
   62 x 160 cms.
   Lambda Print. Edition of 5.











   "SANCHINARRO 13" 
   105 x 71 cms.
   Lambda Print. Edition of 5.












   "SANCHINARRO 2" 
   100 x 74 cms.
   Lambda Print. Edition of 5.

Matemáticas impregnadas de deseo
(A propósito de la obra de Emilio López-Galiacho)

Alfonso Armada

La casa enferma. Como la familia. Como la misma gramática que empleamos para pensar el porvenir, y que servía para explicarnos lo que éramos, lo que somos, lo que íbamos a ser.

El mundo irreprochable, el progreso acelerado y uniforme, el plano de las ciudades que marcan la pauta del comercio y que en sus superficies laminadas, reflectantes, de acero inoxidable, cristal, titanio, cromo, fibra de vidrio y poliester, un composite sangre de toro que reflejan otros edificios, otros volúmenes, el sueño –que acaso se volverá pesadilla- de dominar la materia, de escalar el espinazo de nuestro miedo, atarlo con tanza, esposas de plástico, broches herméticos…

Así llegamos a convencernos de que podemos dominar la incertidumbre, los campos oscuros, el deseo que nos da la medida de todas las cosas y al cabo termina rebajando nuestras fatuas ínfulas. Porque incluso el arquitecto más celebrado en las revistas donde no hay lindes perceptibles entre la publicidad y la realidad, entre la información y la propaganda, entre el origen del dinero y sus flores de acero, le suenan las tripas: sabe que su afán de perfección no va a derrotar a la muerte. Porque eso es lo que esconde la imposible perfección: una perfecta equivalencia con la muerte.

Disimulamos. Porque incomoda esa mancha en la pechera, esa arruga en la corbata, ese lamparón en el zapato de ante, que al amanecer era intachable, como el mundo recién afeitado, las superficies impolutas, la comida liofilizada, la conciencia planchada, el cuerpo almidonado, sin mota de grasa, reluciente como el filo de un hacha recién fraguada.

Pero el suelo, como la conciencia, es viscoso. Nos fascinan las superficies sin mácula, la aerodinámica silueta de los nuevos aeropuertos, los museos que rectos o curvos garantizan la existencia del futuro ya que como reyes de la materia y las matemáticas no hay nada que esté fuera de nuestro alcance:domesticamos la naturaleza y encauzamos nuestras pasiones más innombrables e inadmisibles con engranajes, goznes, sistemas automáticos de apertura, cierres estancos, edificios inteligentes como un alma lisa, como las autopistas mullidas, de una exactitud escenificada en peraltes, quitamiedos, tersura de antracita, suave moqueta de asfalto, señales sutiles y verjas aislantes para que el sol agote sus destellos: y todo para correr con la carrocería a un destino que es exactamente ninguna parte. Nuestro mundo futuro. Lejos de la sucia realidad de los márgenes. La belleza arquitectónica que no quiere saber nada de las entrañas.

Pero por esa grieta conceptual se cuela Emilio López-Galiacho, su tomavistas, su cámara de forense, su instrumental de perito en oscuridades. Y la inquietud empieza a asomar por las aristas, los arcos, los ángulos rectos, la curvatura de la existencia: un universo en expansión que comprime la bóveda craneana. Su berbiquí es moral, taladra la mirada del espectador. Todas las matemáticas que parecían haber fabricado una línea maginot perfecta, la muralla china más impenetrable contra los flujos, los olores, la imprevisible realidad asoman en sus ventanas sobre el mal, oculto en la certeza que la arquitectura pretende instalar en el erial filosófico y político contemporáneo. Aquí viene el caos constructivo.

El que no cierra los ojos al ruido empieza a vislumbrar de qué se trata, qué elementos orgánicos están contagiando el pensamiento, estableciendo relaciones insospechadas, frotándose sexualmente, como mutantes de una especie muy común, apoderándose de los materiales de la construcción del mundo feliz al que ya le habíamos tomado el gusto, al que nuestros ojos blandos estaban acostumbrados, tan cobardes. ¿Qué ocurre cuando las emociones se mezclan con las matemáticas y la resistencia de los materiales? He aquí un arquitecto que domina el oficio y sus tramas, que sabe cómo la realidad virtual puede evocar la textura de un insecto, cómo en la forma está encerrada su perversión. Carne y arquitectura en una cópula que es la de esta época final del tiempo de la que creíamos haber desterrado la historia y sus sarcasmos. Una mina a flor de piel. Lo más profundo. Este resplandor de los crustáceos y las vísceras devorando el témpano que solíamos llamar cerebro.

Alfonso Armada. Madrid. Marzo 2006

 

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